Fashion Week

Lo mejor. Lo más grande. Lo más avanzado.

En la Fashion Week de París compiten todos los grandes diseñadores por ser lo más de lo más. Mademoiselle Lili espera con gran impaciencia lo que han fantaseado este año los diseñadores para impresionar al gran público.


Se aproximan las fechas. Alrededor de la Torre Eiffel y del Gran Palacio comienzan las obras. Todo se cubre con lonas para que nadie pueda “cotillear” lo que va a pasar en los próximos días. Secretismo a nivel máximo. 20 minutos aproximadamente dura el evento y su pasarela, pero ¿a quién le interesa aún la colección de las nuevas tendencias? Se dice, que los “más grandes” se gastan más de 5 millones de euros en su “espectáculo de moda”. Todos quieren ser mejores que el otro – cueste lo que cueste.  

Durante muchos años, quien presumía del mayor evento en la ciudad de la moda era Chanel. Lo más grande se le quedaba pequeño y lo más caro no valía lo suficiente. Karl Lagerfeld dejó incluso despegar un cohete espacial en el “Grand Palais” o atracar un crucero. El año pasado, tras recibir una de las invitaciones más esperadas, decidí hacer el check-in hacia “La Isla de Chanel”. Cuando llegué al evento en el palacio de cristal me encontré de repente en la playa, rodeada de olas, más de 240 toneladas de arena blanca, cielo azul, casetas playeras e incluso con torres de vigilancia de los socorristas. Habían pensado hasta en el "trompe l´oeil" (español: ilusión óptica) ofreciendo una posición privilegiada a la generación Selfie e Instagram.

Pero hoy en día nadie se queda atrás. Para el evento de Dior tuve que desplazarme a las afueras de la ciudad porque habían montado un recinto gigante en el hipódromo Longchamp para crear en su interior una Black-Box XXL donde se mezclaba la moda con la danza. Las modelos desfilaban entre la compañía de danza israelí de la coreógrafa Sharon Eyal y como acto final, llovía a más de 50 metros de altura pétalos blancos.

Desde 2016, los turistas tienen que prescindir 2 veces al año y durante 3 semanas de la foto más conocida y preciada de la ciudad; la Torre Eiffel. Durante esos días, la marca Saint Laurent ocupa con contenedores la plaza del trocadero. La ocupación les cuesta más de 400.000 euros, pero nada es demasiado para colocar su pasarela en uno de los lugares más prestigiosos de la ciudad. Para el debut de Hedi Slimane en Celine se montó un espacio enorme frente al Palacio Nacional de los Inválidos. Louis Vuitton se adjudicó el patio interior del Louvre. La marca de lujo creó su pasarela alrededor de la pirámide montando un túnel de cristal con luces de neón que se encendían con el paso de las modelos.

Impresiona el importe que se paga para “tan solo” 20 minutos de gloria. Pero no son 20 minutos de gloria, es medio año de gloria. Todo está perfectamente calculado. En una pasarela de 20 minutos se invierte todo el presupuesto de Marketing de la empresa para los próximos 6 meses. En esos 20 minutos la marca no solo vende su nueva colección, vende todo lo que le rodea (perfume, accesorios, etc.). ¿Muy caro? Sí, pero claramente rentable. Los expertos calculan que por cada 100.000 euros gastados, el eco mediático recupera a la marca 1 millón de euros. Hoy en día se calcula, que incluso lo superan, debido a las redes sociales y la rapidez de información en ese medio. Quienes también, evidentemente, se frotan las manos son las agencias que organizan estos grandes eventos – a ellos también les espera un futuro dorado.