¿¡No shopping!?

¿Lo he conseguido? Casi.

Mademoiselle Lili se ha puesto a prueba ella misma. Decidió intentar no comprar ropa “nueva” durante 1 año.

Mi propósito de Nochevieja para el año 2020 fue no comprar ropa nueva y evitar a toda costa las Boutiques. En ese momento no sabía que ese propósito se iba a poner de moda con “Corona”. En Inglaterra, el movimiento social medioambiental, Extinction Rebellion, llamó a sus seguidores a un “Fashion Boykott”. En Suecia también hay una corriente en ese sentido con el nombre “Köpskam” (la vergüenza de comprar). Tras el éxito de “Flygskam” (la vergüenza de volar), también se hace viral el impacto que tienen las compras sobre el medioambiente. Es una corriente que se extiende casi igual de rápido como la Covid; incluso los medios de comunicación de Rusia y Suramérica hablan de la movida “Köpskam”.

Yo no conocía nada de esto. Mi paciente cero fue un abrigo de la marca Rick-Owens. Cada vez que veía mi armario repleto de ropa y oía los escándalos sobre las condicionas dudosas que algunas producciones tenían para el medioambiente, era cada vez más consciente que ese subidón que vivía cuando me compraba algo, también llamado Feel-Good-Moment, ya no iba a ser lo que era. Decidí comprar menos cantidad, pero mejor calidad.

Se acercaba la fecha de la Fashion Week de París. Miraba a mi armario y pensaba cómo iba a sobrevivir este test, cuando en ese momento se juega en una liga de lujo. De repente me llegó una invitación a la venta privada de Rick Owens, con un 75% de descuento en todos los artículos.

Yo tenía un abrigo (carísimo) de Rick Owens y me los habría puesto unas 5 veces y ya se había descosido un bolsillo y una hombrera. Me fui a la Boutique en Palais Royal y pregunté si me podrían coser estas dos cositas. La dependienta se acordaba de mí, pero subió las cejas y me dijo que seguro que era porque metía muchas cosas y muy grandes en el bolsillo. Y además, me explicó, que no disponían de servicio de sastrería, que debían mandarlo a Italia y que tardaría unos tres meses.

¿Cómo? No fue la primera vez que me di cuenta (pero sí la vez más descarada) que el precio y la calidad no van siempre de la mano y que incluso en la liga de lujo, no siempre se juega limpio. Claramente, ese fue el detonante para mi No-Shopping-Year.

La verdad que no me costó mucho. Simplemente debía evitar pasar por mis Boutiques favoritas. ¡Evita las tentaciones! Y si sentía verdadera necesidad de vivir ese momento “Feel-Good-Moment”, me iba a la peluquería para hacerme un peinado diferente, un tratamiento de bienestar para mi cabello o simplemente para disfrutar de un masaje en la cabeza. Todo iba sobre ruedas, hasta que me llegó ese maldito email de Vestiaire Collective, la plataforma de segunda mano de marcas de lujo. Hace tiempo inicié ahí una búsqueda de los botines “Berlin” de la marca Celine, de la primera colección de Hedi Slimane. Y llegaron. Y no solo eso, sino que incluso en mi número y a un precio irresistible. Los compré y ¡qué contenta estoy ahora con mis botines! Segunda mano no cuenta como compra de algo nuevo ¿o sí?   

Conclusión: el “Shopping-Detox” de este año me ha demostrado que necesito menos de lo que pensaba. Solo necesito cosas, que de verdad me importan. No solo necesito ropa que me aporte algo a mí, sino que le aporte algo al mundo sin dañar el medioambiente.

© Silke Bender