Cabello y religión

¿Corto o largo?

En la última visita a la peluquería, Mademoiselle Lili se dio cuenta, que se había vuelto algo conservadora; refiriéndose a su cabello y peinado, claro. Y reflexionó por un momento sobre un gran tema: la relación entre cabello y religión.

“Como siempre” le dije a mi peluquera. En ese momento me sentí yo misma como una persona muy aburrida. Lo pensé: desde hace 10 años llevo el mismo peinado, el mismo largo y el mismo color. El único cambio en los últimos años fue cortarme un flequillo. ¿Y esto qué quiere decir? ¿Que soy muy conservadora y aburrida o que realmente he encontrado mi estilo? Hace años me encantaba experimentar cambios en mi misma. Hace exactamente 12 años, justo en el mes de mayo, me lancé al cambio más extremo al que se puede lanzar una mujer: me rapé mi cabello largo a 2mm. Fue un documental sobre el budismo y el Ashram de la India, el que me hizo tomar esa decisión. La primera ofrenda de los alumnos era entregar su cabello en señal de cambio, de pureza y de soltar su vida para comenzar otra nueva. Era justo lo que yo quería y necesitaba en ese momento. Aún lo recuerdo, como si fuese ayer, sentía algo casi religioso. Me incliné sobre la bañera y le pedí a mi novio, que en ese momento se estaba rapando su cabello, que hiciera lo mismo conmigo. Sentí ligereza; como si me hubiese liberado en cuestión de minutos de toda carga que llevaba sobre mis hombros. Es increíble, pero aún sigo creyéndolo. Fue ahí el momento, en el que empezó el cambio de mi vida.       

El cabello forma un papel muy importante en muchas religiones. Simboliza vitalidad, cercanía celestial o incluso erotismo femenino. En el Islam Ortodoxo se obliga a la mujer cubrirse el cabello bajo un velo, en el Judaísmo Ortodoxo bajo un pañuelo o una peluca y en el Cristianismo Ortodoxo las hermanas deben cubrirse con una cofia. En el Cristianismo antiguo, en los bautismos, también se rapaba el cabello a los niños y se colocaba sobre el altar como ofrenda al hijo de Dios. El Tanaj y el Antiguo Testamento cuentan la historia de Sansón, el cual perdió su fuerza divina tras ordenar Dalila que le cortaran el cabello mientras dormía. Los Sijes sin embargo, no se cortan nunca el cabello. Para ellos simboliza la unión con Dios. Como se puede ver, en todas las grandes religiones el cabello, de una manera u otra, juega un papel muy importante.   

Visto desde el punto de vista científico, el cabello no es más que una fibra queratinosa y algo que caracteriza claramente un mamífero. En los mitos, en las leyendas y en los cuentos caracteriza una mujer con poderes seductores: recordemos a Rapunzel que permitía llegar a su príncipe hasta ella gracias a su larga melena o a Lorelei, la sirena de la mitología germánica, que se colocaba en una roca sobre el Rin y seducía a los navegantes.  

Una melena larga siempre ha sido, y seguirá siendo por mucho tiempo, y en todas las culturas y lugares del mundo, un símbolo de feminidad y sensualidad, que curiosamente transmite belleza y represión a la vez. En los años 20 las mujeres comenzaron a cortarse el cabello y lucir peinados cortos y no fue precisamente por castigo y represión, sino por lucir belleza, personalidad, libertad y sobre todo seguridad en ellas mismas. Es así, muchas transformaciones personales y laborales comienzan en el tocador del peluquero. Creo, que mi nueva etapa también va a comenzar en breve en “ese lugar”. Será el momento, en el que le diga a mi peluquero que no quiero “lo de siempre”, que he decidido no colorear más mi cabello y lucir mis canas tal y como son: naturales. Pero hasta que no esté segura de este cambio, seguiré diciendo “como siempre”…  

Soy consciente, que el cabello es un tema muy importante para las mujeres e incluso que forman parte de su personalidad, su feminidad y su manera de ser en general. No existe peluca que pueda transmitir lo que ellas sienten o son; por muy buena que sea esa peluca. Ahora que me dedico a la belleza sé, que en todas las religiones se pueden encontrar indicios sobre este tema; sea en la Biblia, en la Torá, en el Talmud o en el Corán. Pero no en la Edad Antigua, es decir en los Antiguos Egiptos, Griegos o Romanos, ni tampoco en otras religiones, tales como el Budismo o el Hinduismo. Parece ser que en el Cristianismo, Judaísmo y en el Islam el cabello transmite algo que se quiere oprimir – lo denominan “simbología sexual”. Las mujeres podrían provocar en los hombres “pensamientos impuros”, por ello deben cubrirse.