La Barbière de Paris

La barba en sus manos…

Para las mujeres es importante lucir un peinado bonito y para los hombres una barba bien cuidada. Mademoiselle Lili ha querido comprobar en primera persona, quién era esa mujer en la que todo hombre confía.

¿Qué hacer en un día de invierno, lluvioso y frío en París? Pues ¿por qué no? acompañar a un amigo a su barbero – es increíble lo que se aprende en un momento del sexo opuesto. Mi amigo Christophe lleva esperando esta cita desde hace semanas; el mismo tiempo que se está dejando crecer su barba. Él sólo confía en el saber hacer de Sarah Daniel-Hamizi y es a la única persona a la que deja pasar la cuchilla por su rostro. Cuando le vi, pensaba estar ante Tom Hanks en la película “El Náufrago”. “Ya que no tengo pelo en la cabeza, que al menos lo luzca en la cara.” me dijo entre risas.

Sarah pasó suavemente las dos manos por su barba. Le miraba pensativa. Creo, que veía más allá que yo. “Vamos a dejar el largo de la barba como está para acentuar la forma ovalada del rostro. Las proporciones están bien; necesitas este volumen. Pero aquí (le pasa los dedos por el bigote), tenemos que reducir – no se ven tus labios y son muy bonitos. ¿Qué te parece si lo cortamos un poco y lo giramos en los laterales hacia arriba?” Mi amigo confía plenamente en ella y le contesta: “Genial. Me parece estupendo.” Se echa relajado hacia atrás y cierra los ojos. Sarah, con tijera y cuchilla en mano, comienza a esculpir su obra de arte. He de mencionar, que Christophe no se deja ni encender un cigarrillo con un mechero que no sea de su agrado. Rápidamente me doy cuenta, que Sarah sabe lo que los hombres quieren y cómo hay que hablar con ellos.

“La Barbière de Paris” se ha convertido en un lugar obligatorio para todos los hombres con barba. 4 salones hay en París; el último recientemente inaugurado en el hotel de lujo Crillon en Place de la Concorde. Sarah no considera una tendencia de moda el que los hombres lleven barba, dice que es una tendencia firme. Los hombres se cuidan cada vez más y también desean “gustar”.

Según Sarah “Los hombres han descubierto su barba y la usan como arma de seducción, al igual que nosotras, las mujeres, lo hacemos con nuestro cabello. Y cuando los hombres ya no tienen cabello en la cabeza, les gusta lucir su pelo en la barba. Es una manera de desviar la atención. Llevar barba no es una tendencia, simplemente ha vuelto a nuestra sociedad para quedarse.”

Pero mientras observaba el trabajo de Sarah me di cuenta, que ella no era sólo una experta en barba, sino que también dominaba a la perfección la psicología. “Hay que halagar y alabar a los hombres.” Según ella. “La papada, las entradas, poca barba y la calvicie son problemas que también preocupan a los hombres. Si te las mencionan, has de animarle destacando algún rasgo positivo de él.” Dice que puede ser algún piropo o decirle que tiene unos rasgos faciales muy bien definidos, una barba muy suave o unas cejas muy bonitas. Algo así, pero que sea verdad, claro. “Algo original, que quizás nadie le haya dicho nunca. Algo, que cuando el se vea en el espejo, lo recuerde y le guste. A los hombres de hoy en día les gusta descubrirse a ellos mismos. Les gusta ser atractivos y seducir.” Me comenta que ha aprendido mucho de los hombres en su salón y que también lo lleva a la práctica en su casa, donde vive en una familia Patchwork con su marido y 5 hijos varones. Siempre elogiar en vez de protestar. “Los hombres tienen otra manera de ver las cosas, con otra perspectiva y su objetivo siempre es diferente al nuestro; más simple. Por ello, que, si le dices 100 veces que la ropa no está bien doblada, ellos te dicen lógicamente que lo hacen de la mejor manera posible y como a ellos les parece está bien, y que si lo quieres de otra manera, lo hagas tú. Es ahí cuando hay que emplear la psicología y cambiar nuestra manera de actuar. Es muy simple, sólo hay que pedirles ayuda y haciéndolo juntos se le “muestra” cómo lo queremos tener. Ve cómo se hace y el resultado que ha de tener algo.”   Así, mi amigo salió del salón hecho un Dandy y yo más sabia en cuestión de hombres que cuando entré. La visita a un salón masculino ha merecido la pena.